Siempre tiro la toalla: 4 tips para perder peso cuando sueles rendirte rápido

 

El deporte y los ejercicios nunca han sido lo mío. Con solo decir que cuando estaba en el colegio, a la hora que elegían capitanes para elegir sus equipos, siempre era una de las últimas que elegían, con eso creo que pueden hacerse una idea. Pero por algún motivo siempre ha sido algo que he querido ser. Una chica deportista. Una chica fit.

Tal vez es influido por las diferentes acciones que mi mami hacía cuando era más chica, desde meterme al gimnasio, meternos a la dieta de los parches con mi hermana (alguien más la ha hecho?), contratarnos nutricionista. Tal vez influyó que, mientras estaba en la universidad y engordé, mi hermana mayor regresó de un largo viaje, más flaca que nunca y yo me sentí bien porky, y la mezcla de celos e inspiración me llevaron a querer bajar también. Tal vez es influido por la cultura en Perú, donde el estándar de belleza es el estilo “europeo”: mujeres de piel clara, altas, rubias y sobre todo, delgadas. Tal vez es todo junto.

Lo cierto es que desde mucho tiempo he querido ser más delgada, pero no solo eso, he querido ser fit. Me he metido al gimnasio incontables veces, para terminar yendo sólo un mes de la membresía de 6 meses que pagaba. Nunca he sido muy gorda, con eso no puedo identificarme, pero no he estado contenta con mi cuerpo.

Después de muchos intentos, de empezar y no terminar, siento que he entrado en una rutina que cada vez más y más me motiva a continuar y no dejar de hacerlo. La lucha se va haciendo cada vez más fácil (ojo: sigue difícil, pero tengo más fuerza de voluntad). No soy una experta en fitness así que en eso no puedo ayudar, pero quiero compartir las cosas que me han ido sirviendo hasta ahora:

1. Aprende a amar la contextura de tu cuerpo

He tenido que ir aprendiendo que cada cuerpo es distinto. Que el “estándar” de belleza es relativo y cada persona tiene una belleza distinta. Lo que más me ha ayudado, es entender que el único que tiene autoridad y potestad para definir qué es bello, es Dios. Él es mi creador y, así como el creador de cualquier invento es quien define cuál será el nombre del mismo, mi creador me define como asombrosa y maravillosa, como su obra maestra. Independientemente de la opinión que quién sea pueda tener, no es nada más que eso: una opinión. Dicen que las opiniones son como los ombligos, todos tienen una. Mi identidad está puesta en lo que mi Creador dice de mi, nadie más.  “Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien.” (Salmos 139:14). “Pues somos la obra maestra de Dios.” (Efesios 2:10a). Así que aprendí a amar mi contextura.

Hice un post sobre el autoestima (puedes verlo aquí) y expliqué que en el autoestima influye tu yo ideal. Si tu yo ideal es alguien con una contextura distinta a la tuya, te estás trazando una meta imposible, no sólo vas a frustrarte por siempre por no alcanzar dicha meta -ya que es imposible-, sino que vivirás con el autoestima baja, que juega en tu contra. Aprendí a aceptar mi contextura, aceptar que soy caderona, que tengo tendencia a engordar por atrás y a tener celulitis (cada quien batalla con su propia imagen) aceptar que soy así y eso no va a cambiar (me refiero a mi contextura). Y luego eso empecé a buscar personas con la misma contextura que yo, pero con el cuerpo ideal para esa contextura (JLO, Shakira, Selena Quintanilla, etc) y empecé a apuntar a eso, algo más realista.

Si tu yo ideal es alguien con una contextura distinta a la tuya, te estás trazando una meta imposible, no sólo vas a frustrarte (…) sino que vivirás con el autoestima baja, que juega en tu contra.

2. Baja de peso primero con tu alimentación

Dicen que para estar en forma es 30% ejercicios y 70% alimentación. Algo que me ha pasado es que empezaba a hacer ejercicios sin alimentarme correctamente. Yo soy una persona que se fija mucho en los resultados. Como toda forma de ser, esto tiene un lado bueno y un lado malo. Mi búsqueda de resultados primero empezó a jugarme en contra. Cuando empezaba a hacer ejercicios lo que sucedía es que me daba más hambre. Y como no estaba acostumbrada a comer correctamente, comía más y eso no ayudaba en mi búsqueda de estar tonificada. Es frustrante estar matándote en el gimnasio (o dónde sea) y ver que estás ensanchándote más, en lugar de adelgazando. Ese es el punto donde solía dejar de hacer ejercicios y tirar la toalla.

Pasar de alimentarte “no saludable” a “saludable” repentinamente tampoco es fácil. Como comenté antes, no soy una experta en esto y sólo puedo compartirles mi experiencia. Las dietas no funcionan. Privarte de alimentos siempre me ha llevado a atracones de comida chatarra que a las finales hacían que suba todo el peso que había bajado. Cuando estás acostumbrada a comer “rico” y pasar a comer verduras y vegetales que no estás acostumbrada no es fácil tampoco. Lo que a mi me ha funcionado es: comer como siempre, pero en porciones más pequeñas. Muchas veces el exceso de peso/grasa que tenemos es ocasionado porque consumimos más calorías de las que necesitamos. Nuestro cuerpo gasta energía diariamente, y las calorías en nuestros alimentos son eso: energía. Cuando le damos a nuestro cuerpo más energía de la que usamos, se convierte en grasa. Muchas veces la sensación de “hambre” que tenemos, no es porque nuestro cuerpo necesita más energía, sobre todo si tenemos un estilo de vida sedentario (la mayoría del tiempo estamos sentados), sino porque hemos acostumbrado a nuestro estómago a recibir mucha comida, lo hemos estirado más de lo que debiera.

Digo bajar de peso primero con la alimentación y sin ejercicio por dos razones. (1) Cuando haces ejercicios tu cuerpo SÍ necesita más energía, necesita más alimentos. Si aún no haces ejercicios, comer menos de lo usual va a servir para que tu estómago se reduzca a un tamaño ideal y vas a poder identificar que esa sensación de “hambre” viene precisamente de eso: de tu estomago que está más grande de lo que debiera y no de que tu cuerpo necesita más energía. (2) Cuando empiezas a bajar de peso sin el esfuerzo adicional del ejercicio, empezamos a motivarnos. En lugar de vernos en el espejo y pensar “ajj que gorda estoy” empezamos a pensar “guau estoy más delgada”. Algo que he aprendido es que nuestro subconsciente hace lo que le decimos. Si le decimos “estoy gorda” va a decir “ok, estamos gordos!” y seguirá llevándote a acciones que mantendrán ese estado: gordos. Si le decimos “estoy más delgada” va a decir “ok, estamos más delgados!” y seguirá llevándote a acciones que mantendrán ese estado: cada vez más delgados.

…nuestro subconsciente hace lo que le decimos. Si le decimos “estoy gorda” va a decir “ok, estamos gordos!” y seguirá llevándote a acciones que mantendrán ese estado: gordos.

3. Analiza qué es lo que te motiva

Todos tenemos distintas motivaciones. En mi caso, como les comenté, yo soy una persona de resultados. La verdad, cuando bajé de peso porque empecé a comer porciones más pequeñas llegué a tener un cuerpo con el que me sentía contenta (con ropa, porque en bikini no tanto). Empezaba a hacer ejercicios para estar tonificada pero luego lo dejaba. Lo dejaba porque cuando hacía ejercicios, volvía a pasar lo mismo: mi cuerpo me pedía más comida. Eso y el hecho que mi abdomen se hinchaba un poco más por el ejercicio hacía que me vea al espejo y piense “¿¿tanto esfuerzo para estar más ancha que antes!??” y dejaba de hacer ejercicios.

¿Por qué? Porque no sólo soy una chica que se enfoca en el resultados, sino que soy muy impaciente y los resultados inmediatos que veía no eran buenos. Decidí enfocarme en la idea de ser más saludable, y eso me ayudó mucho en hacer pequeños cambios en mi alimentación, agregar más verduras por aquí y por allá y tomar más agua. Pero esa motivación de ser saludable no fue lo suficientemente fuerte para llevarme a hacer el esfuerzo constante de hacer ejercicios.

Quiero agregar un paréntesis que creo que es muy importante antes de compartir lo que me motivó en particular en lo de hacer ejercicios. Yo he luchado mucho con el autoestima baja y tengo tendencia a ser muy dura conmigo misma. Por diferentes experiencias que he vivido, he sido una persona que siempre quería cambiar mi forma de ser, porque pensaba que la que tenía era “incorrecta”. “No tengo fuerza de voluntad, tengo que ser más disciplinada”; “Soy floja, tengo que ser más proactiva”; “Tengo poco amor propio, tengo que amarme más”. Si bien estas formas de ser no son las ideales, yo creo que eso no las hace “incorrectas”. Nuevamente, Dios me ha creado, dice que soy maravillosa y  que soy su obra maestra, así como soy: con mis defectos y virtudes. Y el querer trabajar con formas de ser que simplemente aún no eran parte de mi, también me jugó en contra. Querer hacer ejercicios para ser “más disciplinada” o “mas proactiva” o “amarme más” tampoco me funcionó. A decir la verdad, lo que me llevó a “amarme más” fue el aceptar mis defectos. No soy perfecta y eso está bien. La sociedad estará en desacuerdo, pero me enfoqué en lo que dice Dios, no la gente.

Querer trabajar con formas de ser que simplemente aún no eran parte de mi, también me jugó en contra.

Entonces regresé a ser quién soy. Tenía un “defecto” que era enfocarme mucho en los resultados. Pero encontré una forma de usar esa cualidad que me jugaba en contra y convertirlo en “virtud”. Decidí enfocarme en un resultado distinto. Imprimí un calendario donde podía marcar una X cada vez que hacía ejercicios. Me puse la meta de hacer ejercicios 5 veces por semana. Semana tras semana, he podido visualizar mis metas cumplidas, ver mis resultados. No el resultado del espejo, sino el resultado de mi calendario. Y ver los resultados cumplidos me han motivado más y más a seguir continuando, porque así es como funciono.

4. Busca un aliado con experiencia

Algo que ayuda mucho es tener una persona que ya haya alcanzado la meta que tú tienes. La verdad que en el camino me he desmotivado porque no puedo evitar mirarme al espejo y ver que tener resultados en mi cuerpo tarda mucho. En esas ocasiones hice 2 cosas: (1) Buscar información en Google, leí varios artículos que dicen que los resultados se ven desde por lo menos 4 semanas haciendo ejercicios, hasta 8, que hay que seguir siendo constante con los ejercicios y con la alimentación y eventualmente los resultados irán notándose (mi desmotivación fue en mi semana 3); (2) Le pregunté a mi novio, y me dijo lo mismo, que toma tiempo. Así que decidí confiar y seguir adelante. Cuando alguien (sea personal o a través de un articulo o libro) ya lo ha logrado y sabe que funciona, ayuda mucho a darte seguridad cuando estás aún en camino.

Cuando alguien ya lo ha logrado y sabe que funciona, ayuda mucho a darte seguridad cuando estás aún en camino.

Y bueno, esas son todas las cosas que puedo rescatar de este camino que he estado siguiendo. Lo curioso es que más allá del tipo de alimentación o ejercicio a hacer o lo que sea, realmente puedo decir que la batalla más fuerte es con nosotros mismos, en aceptarnos primero tal y cual somos y aprender a trabajar con eso, con lo bueno y con lo malo. Y en lo personal, creo que no hay mejor aliado que Jesús para ayudarte en eso.

QDTB,

Vivi 🖤

Has invitado a Jesús a tu vida? Pero de verdad, DE VERDAD? Sólo di esta oración de salvación con todo tu corazón, es así de simple 🙂

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